¿Qué significa realmente para Estados Unidos su derrota en Afganistán?

«Un principio fundamental de estas guerras es el hecho de que, muy a menudo, traer más tropas a un país, en lugar de facilitar las operaciones militares, las dificultan. En pocas palabras: mientras más infieles había en Afganistán, más concitaban los afganos la solidaridad de otros afganos en contra de los norteamericanos»: Ortiz Monasterio

Por Jorge Santa Cruz

Multimedia: Factor México

Imagen ilustrativa: Defence-imagery / 25 (Pixabay)

El exembajador de México en Irán y Afganistán, Luis Ortiz Monasterio, explica en esta segunda entrega por qué fracasaron la Unión Soviética y los Estados Unidos (apoyados por la Organización del Tratado del Atlántico Norte) en Afganistán.

En un momento de la entrevista exclusiva, el diplomático mexicano destaca que la derrota de los soviéticos ocurrió poco antes de la desaparición de la URSS.

Transcripción de la entrevista

Vídeo: Factor México

Periodista Jorge Santa Cruz (JSC): Desde el punto de vista geopolítico, geoestratégico, ¿por qué es importante Afganistán?

Embajador Luis Ortiz Monasterio (LOM): Afganistán está en una posición geográfica muy interesante. Primero que nada, no tiene salida al mar. Y otra cosa: su ubicación geográfica es el centro de tránsito de las grandes rutas de comercio, de las nuevas rutas de gasoductos, de las grandes rutas, de los grandes desplazamientos humanos. Hacen que todo el mundo tenga que pasar por Afganistán. Y todo el mundo quiera controlar ese territorio. Es un territorio, que, usted sabe, provocó grandes enfrentamientos entre rusos, ingleses, en el siglo XIII, XIX.

La verdad es que siempre que se quiso conquistar, por la fuerza, a los afganos, terminaron expulsando, finalmente, a poderosos enemigos, por su posición geográfica. Ellos le sacan provecho a todo, a lo poco rescatable que tiene su posición geográfica, que no es privilegiada. No es la tierra más fértil del mundo. La tierra de los afganos no es la más apropiada para las lluvias, para la agricultura. Por lo tanto, tienen que lidiar con una atmósfera natural muy adversa. Eso, los ha hecho enormemente eficientes en el uso de las riquezas que van más allá de lo material, de lo militar, de lo económico.

JSC: Los ingleses no pudieron con los afganos. Los soviéticos no pudieron con los afganos. Y hace unos pocos meses, los Estados Unidos se retiraron de Afganistán. ¿Qué vieron los ingleses en su momento? ¿Los soviéticos, en el suyo? ¿Y los estadounidenses y la OTAN, qué vieron en Afganistán? ¿Qué los hizo atreverse a invadir y, finalmente, a ser derrotados? ¿Qué les interesó?

LOM: Es muy interesante su pregunta, maestro. Yo tengo la impresión de que volteando los ojos a lo más reciente, que sería la ocupación soviética en el 79, se debió fundamentalmente a no volver al terror que ejercía la presencia de un radicalismo islámico en los territorios de sus antiguas repúblicas soviéticas del Asia Central.

Cuando aparecen los ayatolas en el 79, en Irán, ya transformados en chiías activos, combatientes, se dieron cuenta los soviéticos [inaudible]. Brézhnev entró en pánico. Sin duda, se dio cuenta que eso iba a ser peligrosísimo para las repúblicas soviéticas en Asia Central, muchas de ellas, de origen persa; muchas de ellas, de origen musulmán. Difíciles de gobernar. Una gobernanza muy compleja. Ya hablaremos un poquito sobre las diferentes repúblicas soviéticas.

Entonces, Brézhnev, en el 79, se da cuenta de que la revolución islámica de Irán podía ser cosa para vetar el nacionalismo islámico en las repúblicas soviéticas del centro de Asia, y se le ocurrió frenarla a partir de la invasión a Afganistán. Y, bueno, fue una decisión que le costó carísimo.

Diez años después, los soldados soviéticos tuvieron que abandonar Afganistán, en virtud de que jamás pudieron descifrarla. Jamás pudieron subyugarla. Jamás pudieron tener una razón. Tener una métrica para medir el éxito militar en un país como Afganistán.

Entonces, desesperados de esto, tuvieron que salir diez años después de Afganistán, y esto fue el preludio de la desaparición de la Unión Soviética. En pocas palabras: no solamente los soviéticos salieron de Afganistán derrotados, sino que salieron preparándose para el colapso final en el 91. Es decir, que la derrota de los soviéticos en Afganistán no fue solamente dejar el territorio e irse como que no hubiera pasado nada. No, se fueron con la carga de la derrota que hizo recordar a los soviéticos una cosa, que, ellos mismos, llegaron al poder después de una derrota de la Rusia imperial en la guerra ruso-japonesa que terminó en 1904, abriendo las compuertas a la revolución bolchevique.

Lo mismo pasó: la derrota de las tropas soviéticas en Afganistán fue lo que abrió las puertas a la caída del imperio soviético y el arribo de Yeltsin, primero, y todo el desorden que se armó con ese recambio que rescató a Putin; que fue llevado a la crisis que estamos viviendo hoy, aquí, a esta hora [en] que estamos hablando nosotros, en tiempo real. Están pasando muchas desgracias, precisamente, a partir de ese momento de la nueva Rusia de Yeltsin y Putin.

¿Por qué llegaron? Por el terror a la expansión de la revolución islámica de Irán a las repúblicas soviéticas. Por lo tanto, había que frenar esto con un golpe de gran fuerza, precisamente, en una de las repúblicas que si no era necesariamente soviética, sí estaba dentro del área histórica de Rusia. Por lo tanto, así fue: tuvieron que salir precisamente porque no fueron capaces de descifrar. Esa es, una constante en los países coloniales, que son, muy a menudo, incapaces de descifrar cuál es la motivación última del comportamiento de muchas potencias que no cuadran con el pensamiento de ellas.

JSC: Y en el caso de los Estados Unidos, recordamos, perfectamente, cómo el entonces presidente George Walker Bush ordenó la invasión de Afganistán, unas cuantas semanas después de los atentados del once de septiembre de 2001 contra las torres gemelas. Aquí el móvil fue distinto. Usted nos explicaba que los soviéticos —con Brézhnev entonces a la cabeza— quisieron dar un golpe contundente contra el nacionalismo islámico de corte, en este caso, chiita, que acababa de empoderarse en Irán; pero, los motivos de Bush fueron otros. Según esto, Afganistán era una base terrorista que amenazaba la seguridad nacional de los Estados Unidos y la seguridad de los aliados de los Estados Unidos. ¿Usted considera que la percepción del segundo presidente Bush fue correcta?

LOM: La verdad, es que yo tengo la impresión de que es una abstracción muy interesada, es decir, simple y sencillamente, diera la impresión de que el Talibán cayó del cielo, de que Al Qaeda, apareció del cielo, y que nadie los creó, se crearon solitos. No, lo que tenemos que ver es un poquito más atrás y, nos llevara esto, directamente, a una operación muy famosa que se llama: el Proyecto Ciclón.

Este Proyecto Ciclón fue una idea de Brzezinski, el asesor estratégico del presidente Reagan, de la época de Reagan en la cual, el presidente, fue convencido de que la llegada de los soviéticos a Afganistán era la gran oportunidad para el golpe final al imperio soviético. Que los soviéticos, jugadores buenos en el ajedrez, habían caído en su propia trampa al invadir Afganistán y, precisamente, previendo Estados Unidos esto, estimuló —lamentablemente— el nacionalismo islámico a nivel global.

El Proyecto Ciclón consistía en lo siguiente: poner —ya que los soviéticos estaban apoderados de Afganistán—, había que movilizar a todos los musulmanes del mundo en un proyecto que se llamaba Ciclón, con objeto de que todos esos musulmanes del mundo consideraran que el ataque soviético sobre Afganistán los afectaba profundamente a ellos.

Entonces, Estados Unidos crea a partir de un proyecto muy bien manejado, y que ya es del dominio público (hay muchísima literatura sobre este asunto). Lo que pasa es que se nos olvida la historia, como diría el buen expresidente Hatamí, buen amigo mío, por cierto. Diría: “Esto es pura ignorancia”. Se nos olvidan cuáles son las verdaderas causas.

Estados Unidos, con Arabia Saudita, con Paquistán, crearon un mecanismo por medio del cual, se logró, se concitó a toda la comunidad islámica, con objeto de que fuera la comunidad islámica la que, ostensiblemente, corriera a los soviéticos de Afganistán. Eso era muy importante, y eso significó la creación de grupos de trabajo, entre ellos, Al Qaeda.

Al Qaeda quiere decir en árabe “La base”. La base de datos que la CIA entrega a Afganistán, a Arabia Saudita, para que ellos, conciten, inviten a todos los musulmanes del mundo, a oponerse a la invasión soviética y crear toda una compleja situación para los soviéticos en Afganistán. Era el momento oportuno para poder acabar, dar un golpe mortal al enemigo existencial de Estados Unidos, su enemigo termonuclear, que era nada menos que la Unión Soviética.

Por lo tanto, se nos olvida que esos movimientos —que después terminaron siendo movimientos terroristas— están muy vinculados con financiamiento y entrenamiento norteamericano, y con fuentes de Arabia Saudita muy conocidos exteriormente por medio de su vertiente religiosa, que son los wahabís (Wahabitas), de los cuales, formaba parte el propio señor Bin Laden.

JSC: ¿La retirada de los Estados Unidos y de la OTAN conlleva una disminución en los riesgos de que Estados Unidos y sus aliados sufran en el futuro mediato, o a largo plazo, nuevos embates de estos grupos que ellos crearon, y que después se constituyeron en terroristas, como Al Qaeda, como el Emirato Islámico? Se lo pregunto de otra forma: ¿Al Qaeda o el Emirato Islámico se abstendrán de atacar a Estados Unidos luego de la retirada, o al revés? ¿Qué es lo probable?

LOM: Yo creo que aquí, voy a remitirme a la experiencia personal. Yo conversé largo con los militares de la OTAN, especialmente de la OTAN, y ellos se sentían muy incómodos en esa guerra. Sentían que estaban fuera de mandato, que no era su territorio, que no era su mandato, estar metidos en una guerra tan tétrica. Que no tenían vela en el entierro. Sentían que, abiertamente, que los habían embarcado. Que sus propios gobiernos los habían embarcado en una [inaudible].

Los propios norteamericanos sentían que no entendían perfectamente bien que un principio fundamental de estas guerras es el hecho de que, muy a menudo, traer más tropas a un país, en lugar de facilitar las operaciones militares, las dificultan. En pocas palabras: mientras más infieles había en Afganistán, más concitaban los afganos la solidaridad de otros afganos en contra de los norteamericanos.

Es decir: había más soldados norteamericanos, había más motivos para que más afganos se sumaran a las huestes en contra de los norteamericanos. Llegó un momento en que esto era ya insostenible. No había más tropas que enviar, y la crisis económica después del 2008 fue grande en los países capitalistas. Entonces, ya no había la longitud, la plenitud de disposición de armamentos y de fuerzas; y, paulatinamente, se dieron cuenta que no estaban ganando absolutamente nada. Al contrario: cada vez que llevaban más armas a Afganistán, tenían menos posibilidades de triunfar.

Además, el tema es espantoso. Debe ser, yo creo que ha de ser de lo peor para un militar no saber qué significa terminar una guerra de esta naturaleza. ¿Qué significa? Toman Kabul, ya está en Kabul la embajada norteamericana —en el corazón de Kabul— y, aun así, no hay forma de controlar ni las conciencias, ni los espíritus, ni las voluntades de los afganos. Al contrario, cada vez hay más hostilidad contra ellos.

Por lo tanto, yo tengo la impresión de que es una frustración de la guerra contemporánea. Ya las guerras de hoy, paulatinamente, son totalmente distintas. Estados Unidos todavía seguía acomodado con la guerra tradicional, la guerra de invasión, como fue la guerra de invasión contra México, contra Centroamérica, en la historia de estos países.

Pero, efectivamente, ya ese tipo de guerras acabó. Hoy vea usted que el tipo de guerra es un tipo de guerra diferente: guerra económica, guerra de guerrillas, guerras asimétricas. Guerras de sanciones, por un lado; por otro lado, no entra Estados Unidos directamente a una guerra defendiendo a Ucrania. Tampoco entran los europeos. Solamente les dan armas a los ucranianos. No quieren la confrontación directa con Rusia. No la quieren, en virtud de que eso significaría ingresar, abiertamente, a una tercera guerra mundial.

Por lo tanto, la verdad es que yo creo que son de lento aprendizaje nuestros amigos del norte, en el sentido de creer que las guerras siguen siendo como antes. Yo recuerdo muy bien la ignorancia absoluta de las tropas norteamericanas cuando invitaban a sus recepciones en el cuartel general, al que invitaban, en este caso, al embajador de México. Íbamos a sus recepciones y las muchachas estaban en faldas, con las piernas descubiertas, escote y toda la cosa. Eso ofendía profundamente el espíritu de los musulmanes. Ellos nunca entendieron eso.

En lugar de crear mayores simpatías, estaban creando una enorme anti simpatía por parte de los afganos; no solamente de los musulmanes nativos más rigurosos, sino, también, de los musulmanes comunes y corrientes que trabajaban como personal de meseros en las recepciones. Se les veía que se sentían incómodos. Es decir, eso no lo entendieron nunca. Por eso, sigo insistiendo que es una guerra, fundamentalmente, mal informada en el sentido de que no se dieron cuenta de cuáles eran los bienes que estaban de por medio. Además, queriendo engañar a la opinión pública con eso de que ellos eran malignos per se mismo; cuando ellos eran el resultado de obras malignas, especialmente, de los norteamericanos y de los europeos.

La verdad es que, difícilmente se puede ganar una guerra en esas condiciones. Por lo tanto, yo tengo la impresión de que está repensando, Estados Unidos, cómo deben ser las guerras del futuro. Hay que recordar que desde la Segunda Guerra Mundial los norteamericanos no han dado una, en ninguna de las guerras en que han combatido. No han entendido la lógica de los vietnamitas, de los afganos, de los iraquíes. No la han entendido.

Eso nos lleva de la mano a esta derrota absoluta y total, francamente vergonzosa, de la cual salieron casi corriendo como en Vietnam. En Vietnam, la fotografía del helicóptero sacando a los últimos norteamericanos de la embajada norteamericana en Saigón fue vergonzosa. Francamente vergonzosa para ellos, y para todos. Para todo el mundo occidental.

Así es que, yo creo que tenemos que tomar las lecciones. No solamente ver, estar buscando a un solo villano. [Inaudible]. Que castigando a Rusia se van a arreglar grandes cosas. Yo tengo la impresión de que la batalla mediática, la batalla de la propaganda, la ganó, abiertamente, Occidente y perdió Rusia. Pero Rusia ha aguantado esto, sencillamente, porque —tengo la impresión— de que, aceptar los términos de una república cercana a Rusia apoyada por la OTAN es para ellos, inaceptable. Inaceptable.

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